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Las historias principales de lo que se viene
2008-06-30 14:44:46 ||

En teoría, los productos se ensamblarán usando ‘fabricas’ nanotecnológicas que serán exageradamente pequeñas. Tan pequeñas, de hecho, que se construirán dentro de los hogares. Además, gracias a la nanotecnología, los productos se crearían solamente por el período en el que se necesitan y podrían ser fabricados a la inversa en forma eficaz para deshacerse de ellos. ¿Ni idea de lo que estoy hablando? OK. Considere este panorama. Las Unidades Personales de Fabricación (UPFs) podrán ensamblar cualquier cosa que la gente quiera, casi como una impresora en 3D. La única diferencia es que los ingresos son átomos y no materiales físicos. Entonces, si uno quiere un juego de platos nuevo para una fiesta, se podrían ensamblar en la propia UPF. Todo lo que se necesitaría sería un software y un programa de diseño escogido mediante un teclado, pantalla o alguna otra interfaz del usuario. Así, la materia prima, el transporte, la logística, los inventarios, los desechos y la venta desaparecerían en frente a sus ojos. Para decirlo de otra manera, el contenido generado por el usuario o la co-creación del cliente estaría sujeta a un cambio de paradigma y los consumidores literalmente se volverían creadores de todo lo que consumen, haciendo que los individuos sean bastante auto-suficientes. La ventaja competitiva sería simplemente descansar en el conocimiento del cliente y diseñar los programas de fabricación. Esto también resuelve muchos problemas ambientales, por supuesto (ej. desperdicios) y es el comienzo de un nuevo sistema económico que depende menos de los recursos físicos y de la mano de obra.

 

2. El fin de la sociedad del efectivo

Raramente se piensa el metal y el papel como tecnología, pero el efectivo es justamente eso y también es una de las tecnologías más duraderas que se hayan inventado. Sin embargo, este es el comienzo del fin del ‘dinero en efectivo’ ya que las alternativas digitales son más atractivas ante nuestra necesidad de velocidad y comodidad. Las transacciones digitales que giran en el sentido del valor, ya superan en número al efectivo en casi todos los países. En Londres, el pago en efectivo del boleto de subterráneo ahora representa sólo el 5% de todas las ventas de boletos mientras que el consultor Arthur D. Little predice que los pagos mediante teléfono celular aumentarán de U$S 3,2 mil millones en 2003 a más de U$S 37 mil millones para el año próximo (2008). En Japón, 43.000 vendedores aceptan el ‘marque y pague’ digital y la cantidad de pagos digitales exceden los 15 millones de transacciones al mes. Estas son buenas noticias para los consumidores que ya no tendrán que hacer cola para sacar dinero de bancos y cajeros automáticos o para (en igual medida) pagar pequeñas compras en negocios o en máquinas expendedoras. Más aún, el dinero digital no sirve simplemente para realizar pagos, es también información sobre quién y cuándo, información de gran interés para los gobiernos que intentan reducir las actividades ilegales pero también para las empresas que intentan vender en base a nuestra ubicación (recuerden que los teléfonos también tienen un componente GPS) o a nuestros hábitos de compra. La aplicación fatal del dinero digital es obviamente el teléfono celular, que puede actuar como una billetera digital y mostrar balances e historial de transacciones en la pantalla. Los códigos de barra enviados a teléfonos móviles pueden usarse también como e-boletos mientras que las transacciones se pueden activar por teléfono, usando técnicas de verificación de identidad sofisticadas que varían desde claves y números de identificación personal hasta huellas digitales o escaneo del iris. En el futuro incluso se podrá usar el teléfono móvil para tener acceso a la oficina o a su propia puerta de entrada.

El fin del efectivo también reducirá drásticamente el costo de manejar transacciones y de realizar flotaciones de efectivo, que agradará a los minoristas. En teoría, incluso se les ofrecerá a los compradores descuentos cuando usen métodos de pago digitales en vez de efectivo, aunque sospecho que la mayor parte de los ahorros irá directo a la línea de fondo o los minoristas cobrarán más caro en pagos en efectivo. Claro que también hay muchas desventajas en el dinero digital. Las empresas que procesan los pagos pueden vender información a terceros y las investigaciones sugieren que la gente gasta 20% más cuando no pueden ver lo que hay en sus billeteras. A la inversa, las billeteras digitales y las tarjetas pre-pagas deberían atraer a los que no tienen cuenta bancaria y a aquellos que desean enviar dinero en forma instantánea al extranjero (un mercado de $250 mil millones al año en el mundo). Sin embargo, la verdadera desventaja es la pérdida de privacidad y de anonimato que brinda el pago en efectivo, aunque mucha gente estará feliz de intercambiar el anonimato por velocidad y comodidad. Irónicamente, los otros perdedores en el apuro por digitalizar la economía pueden ser los bancos y las empresas de tarjetas de crédito. El dinero digital es una tecnología disruptiva en el sentido que los bancos y otros proveedores de servicios financieros podrían ser ‘desintermediados’ por otros proveedores como los minoristas o las empresas de teléfonos. Por ejemplo, PayPal (que pertenece a eBay) tiene 120 millones de cuentas en 100 países y Wal-Mart o Apple Bank tendrían el mismo sentido. ¿Entonces, dónde deja todo esto a los bancos? Algunos comentadores como Tim Attinger de Visa creen que los bancos se atendrán a transacciones más grandes, simplemente porque los grandes pagos requieren una compleja gestión de riesgo, la falta de pago y los sistemas de disputas, que generalmente es muy costosa y complicada desde el punto de vista del cumplimiento, que aplazará a las entidades no bancarias. Sin embargo, el dinero digital dará vuelta algunas partes de la industria de los servicios financieros porque los bancos y las empresas de tarjetas de crédito ya no estarán a cargo del hardware (chequeras y tarjetas de crédito) o de la distribución (cajeros automáticos y sucursales) y eso solo debe dejar sin sueño a muchas personas. Personalmente, creo que los bancos y las empresas de tarjetas de crédito perderán el control de los micro-pagos pero las transacciones de mayor valor permanecerán en los bancos y más particularmente en sus sucursales.

3. El riesgo de vivir mucho tiempo

En el año 1840 la gente generalmente vivía hasta los 40 años. 160 años más adelante, la gente en las naciones desarrolladas vive hasta los 80 años con la posibilidad de vivir hasta los 100 asomando en el horizonte. No solamente la longevidad está en aumento, sino que también la tendencia se está acelerando. Esto, obviamente, es una buena noticia para los individuos, pero no tanto para la sociedad en sí. El problema obvio es que habrá demasiados jubilados y faltará gente en actividad. Por ejemplo, en EE.UU., Europa y Japón (que representan el 70% de la economía mundial) el ratio de aquellos de más de sesenta en relación a aquellos de menos de sesenta está destinado a crecer desde 30:70 a 50:50 para el 2027. Estas cifras apenas son novedad para los planificadores del gobierno y los actuarios, pero los banqueros ahora estudian estas cifras para calcular si los mercados financieros pueden usarse para responder al riesgo futuro de vivir demasiado tiempo. En 1840, uno trabajaba hasta que moría o se apoyaba en los hijos. Esto claramente era inaceptable, entonces los gobiernos diseñaron un sistema mediante el cual el ingreso generado por aquellos trabajadores pagaba por aquellos que no trabajaban. Esta transferencia inter-generacional de ingresos funcionó bien mientras que los trabajadores más jóvenes superaban en número a los mayores jubilados, pero una tasa de fertilidad descendiente junto con una mayor longevidad llevó a un desequilibrio. La idea actual, por lo tanto, es que la gente mayor ahorre y pague su propia jubilación, pero esta idea en sí misma es fallida porque la gente no tiene idea de cuánto vivirá. Ahí entran los mercados financieros.

Ya hemos visto el tema de los conocidos bonos (cat) catástrofe y los derivados del cat que apuestan a favor y en contra de las catástrofes como huracanes, así que la idea de bonos de mortalidad de apuestas sobre cuánto vivirá la gente es una extensión natural. Esto es precisamente lo que el banco de inversión BNP Paribas hizo unos años atrás. Desafortunadamente, la idea estaba un poco adelantada en el tiempo y había un desequilibrio de compradores y vendedores porque la mayor parte de la gente creía que el tiempo de vida continuaría creciendo. Sin embargo, en referencia a un artículo en el New England Journal of Medicine que dice que el tiempo de vida en realidad puede disminuir en el futuro debido a una mala dieta y a la falta de ejercicio, algunos fondos de inversión libre comienzan a focalizarse en el nuevo riesgo de no morir. Todavía hay problemas, particularmente la falta de datos confiables y precisos, pero se apuesta a que el mercado explotará en algún momento en el futuro y traerá consigo una revolución tanto en los mercados financieros como en las industrias de la salud.


4. Preocupación por las cosas equivocadas

La ansiedad sobre el futuro es una tendencia significativa. Pero, ¿nos estamos preocupando por las cosas equivocadas? Por ejemplo, en EE.UU. la gente se preocupa por una epidemia futura de gripe aviar, mientras que al mismo tiempo en gran medida ignoran la gripe común que mata 36.000 estadounidenses cada año. En otras palabras, nos preocupamos sobre posibilidades futuras mientras que simultáneamente ignoramos las probabilidades presentes. Nuestro comportamiento contradictorio está en todas partes. Compramos jabones anti-bacteriales y nos preocupamos por los viajes en avión mientras que comemos comidas rápidas recubiertas de sal y manejamos sin cinturón de seguridad. 20% de los conductores estadounidenses y 30% de los pasajeros del asiento trasero no usan cinturón de seguridad. Un mejor ejemplo de este comportamiento es el hecho de que inmediatamente después del 11/9 la gente decidió que es más seguro manejar que volar. Desafortunadamente fue tanta gente la que pensó lo mismo que los accidentes en las calles en los dos meses siguientes a septiembre de 2001 excedieron el número de muertes de las torres gemelas en un tercio. ¿Por qué lo hacemos? La mejor explicación que se me ocurre es que mientras que vivimos en el siglo veintiuno, nuestros cerebros están en otro lado. Hay dos formas en las que el cerebro humano evolucionó para enfrentar un riesgo. La primera es automática e intuitiva. La segunda es medida y reflexionada. Desafortunadamente la primera generalmente es dominante, aunque pensar demasiado o muy poco sobre los riesgos futuros también es un problema. Otro problema es lo que se llama descuido de las probabilidades. Ésta es la idea de que mientras más le tememos a algo más ansiosos nos ponemos, y menos nos sentamos a calcular las probabilidades de lo que está sucediendo en realidad.

Además, mientras más percibimos el dolor o el sufrimiento que algo causa, más tendemos a temerle, mientras que una vez que algo sucede nos acostumbramos a ello. Es decir, lo extraño y lo inexplicable es más aterrador que lo conocido y lo familiar. Un buen ejemplo de esto nuevamente es la gripe aviar, que tuvo a mayor parte de la prensa británica corriendo como pollos sin cabeza antes de que aparezca en Gran Bretaña, pero que una vez que en verdad llegó casi no cosechó reacciones. Nos alarmamos un rato y después nos olvidamos. También tenemos miedo de las cosas que le pasan a muchas personas a la vez (Ej. el terrorismo) más que a las cosas que afectan a la gente con el tiempo y en una forma más distribuida. Compare por ejemplo el miedo al SIDA con el miedo a tener un paro cardíaco cuando éste último mata cincuenta veces más gente. De la misma manera, malinterpretamos el riesgo cuando sentimos que tenemos control sobre la situación. Otra vez un ejemplo es el viaje aéreo, donde las personas no tienen control, versus el viaje en auto, donde si lo tienen. Mueren 500 veces más personas en las calles estadounidenses (44.000) que en el aire (unos cientos) pero la gente no lo ve así. Finalmente, existe lo que se llamó la inclinación por el optimismo. Es cuando la gente piensa que las consecuencias de comportamientos arriesgados no se aplican a ellos (Ej. “Pero yo soy un buen conductor”). Esto se puede agravar cuando el comportamiento de riesgo (Ej. beber) provee gratificación inmediata seguido de multas retrasadas. Entonces, ¿cuáles son las repercusiones? Algo en que hay que pensar cuando se hacen pronósticos es en no subestimar la naturaleza humana, que está gobernada por sentimientos y que vista desde lejos puede ser muy ilógica. Los expertos usan la lógica mientras que el público en general usa los sentimientos. El Segundo punto es que la mayor parte de los riesgos son obvios y están ocultos en el sitio mismo.


5. La moda del colectivismo online

La idea de la sabiduría de las masas existe desde hace un tiempo, pero está adquiriendo velocidad gracias a web 2.0. La mayor parte de la gente cree que es algo bueno. Observemos Wikipedia, por ejemplo. El tema no es Wikipedia en sí misma, sino la forma en que se empezó a considerar y a usar el sitio. Este es un argumento tomado de un ensayo de Jaron Lanier. Él dice que la idea de que la mente colectiva es sabia es una falacia – o por lo menos que es exagerado. Esto no sería necesariamente un problema excepto por el hecho de que se está corriendo una carrera desesperada online para convertirse en el mejor sitio o el agregador de nivel más alto en Internet. Según los fanáticos de la inteligencia de las masas no importa, porque a la larga, el sistema es inteligente y se auto-corregirá. Esta visión es análoga con la creencia de los hiper-libertarianos que el mercado libre es sabio y que en última instancia nos beneficia a todos. Pero hay problemas serios. El primero es que la información tiene valor cuando tiene una fuente y se ubica en un contexto. La información anónima – como aquella contenida en Wikipedia – es de autoridad falsa y anti-contextual. No sabemos quién escribió qué y es imposible discutir con el escritor o escritores responsables. La tendencia, como lo señala Lanier, es “eliminar el rastro de la persona”.

Ahí es dónde la tendencia se conecta con la inteligencia artificial. Para citar nuevamente a Lanier “La belleza de Internet es que conecta a la gente. El valor está en la otra gente. Si empezamos a creer que Internet en sí es una entidad que tiene algo para decir, estamos devaluando a aquellas personas y nos estamos volviendo idiotas”. Cosas que se suben a la cabeza. En otras palabras, existe el peligro real de que el agregador se vuelva más importante e influyente que el agregado. Algunas personas dirían que esto ya está sucediendo. Esto no quiere decir que la inteligencia colectiva no exista o que no pueda ser útil, pero una vez más estamos perdiendo el sentido de la proporción. La inteligencia colectiva, llevada al extremo, significaría que los individuos no necesitarían realizar juicios individuales o asumir responsabilidades. A cambio, todos podríamos escondernos detrás del ritual de la agrupación. Esto sin duda podría atraer a muchos individuos y organizaciones, especialmente a aquellas que son fóbicas al riesgo y a la responsabilidad, pero sería un error muy grande. El colectivismo online es así una idea muy antigua vestida para lucir bien por la tecnología. En el mundo wiki, las ideas son agradables, no porque sean buenas sino porque son las menos objetables. Pero esto es muy afín a un mundo en el que las multitudes siguen tendencias pero donde nadie inventa nada. La innovación y el cambio dependen en gran medida de un individuo que tenga la idea en primer lugar. En otras palabras, el mundo necesita individuos inteligentes para hacer preguntas que el comportamiento colectivo luego responde.

 
 
 
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